La diosa blanca
Todos los santos la denigran, y todos los hombres cuerdos gobernados por la regla de oro del Dios Apolo,en menosprecio de la cual nos hicimos a la vela para encontrarla
en regiones distantes donde másprobablemente se halle, a quien por encima de todas las cosas deseábamos conocer: hermana del espejismo y del eco.
Fue una virtud no quedarse,
seguir nuestro obstinado y heroico camino
buscándola en la cima del volcán,
entre hielo apretado o allí donde la pista se había borrado más allá de la caverna de los siete durmientes:cuya ancha y alta frente era tan blanca como la de cualquier leproso, cuyos ojos eran azules, con labios como bayas de fresno, y el cabello de miel ondulante cubriendo sus caderas blancas.
Una verde savia primaveral agitándose en el bosque joven se prepara a celebrar a la Madre Montaña, cada pájaro cantor trinará un rato para ella, pero a nosotros se nos ha dado, aún en noviembre, la estación más cruel, tal agudo sentido de su magnificencia desnuda que olvidamos la crueldad y la traición pasadas,
sin importarnos dónde puede caer el próximo rayo
Robert Graves “La diosa blanca”
Canción: Song to the Siren (T.Buckley), versionada por The Mortal Coil
“La mayoría de los científicos, por conveniencia social, adoran a un Dios; aunque no puedo comprender por qué la creencia en un Dios Padre como autor del universo y de sus leyes, parece menos anticientífica que la creencia en una Diosa Madre inspiradora (...)”
Robert Graves, “La Diosa Blanca".









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